No bajar la guardia en educación

Resulta indiscutible que hay una desigualdad, cada vez más grande entre ricos y pobres, que agudiza y pone en evidencia las miserias humanas y lo que está constituyendo un auténtico problema de conciencia moral.
Diversos informes internacionales dan cuenta que la crisis en materia educativa se vive en Latinoamérica y particularmente a la hora de los resultados, en términos de calidad, nos resultan alarmantes los datos que se nos aportan en término de promoción, retención y repitencia en los niveles primario y secundario, en nuestro país, y en especial lo que sucede en los sectores vulnerables, donde la pobreza continúa haciendo estragos que tornan irreversible: comportamientos, actitudes y posibilidades de proyección futura.

No debemos descuidar que estamos viviendo tiempos donde es verdaderamente fuerte la crisis de autoridad y representatividad, que nos conducen a poner en la escena, niveles de vulgaridad, facilismo y ruptura, evidenciando una sociedad enferma, que no quiere crecer (síndrome de Peter – Pan) y que tampoco puede hacerlo.

En diversas oportunidades hemos escrito acerca de la necesidad de obrar a favor del pobre, en hacer que sea una verdadera prioridad en educación, pero continuamos observando la incidencia de ella en el campo de la educación y sabemos que estas situaciones de indigencia y vacío cultural ponen en crisis la paz social, agravan los conflictos y alimentan situaciones no deseadas al interior de las comunidades.

Resulta indiscutible que hay una desigualdad, cada vez más grande entre ricos y pobres, que agudiza y pone en evidencia las miserias humanas y lo que está constituyendo un auténtico problema de conciencia moral a la humanidad en general y a los dirigentes políticos y sociales de todo orden, que les esputa que la pobreza ofende la dignidad de todo ser humano y por consiguiente compromete en la búsqueda de soluciones, no parches, sino medidas que tiendan a estabilizar y garantir el desarrollo y crecimiento socio- cultural- educativo y económico, que destierre el fenómeno de la marginación y la desocupación que se traslada al interior de las escuelas en la presencia ignorada de cada educando o docente que procede de contextos precarizados.

Instamos a no bajar la guardia, en un gesto no militarizado, sino del cuidado personal y social que nos debemos en la conciencia que el boom de la droga, entre otros, hoy azota los hogares más humildes, quizás transportada por los nuevos dueños del poder, ricos de inmoralidad y de la falta de respeto por la dignidad del otro. De allí que legalizar la droga, el aborto y la ruptura del honor familiar, no sea la solución a una sociedad con problemas cada vez más complejos, donde las mafias diversifican sus negocios y lo que se expone en los medios, no siempre es la muestra de la realidad, ni da un cheque en blanco para anunciar las acciones de los famosos.

No bajar la guardia, para preservar la integridad, la identidad y la pertenencia a una sociedad con valores, donde la tolerancia no signifique de modo alguno la coptación de las conciencias o la negación de la dignidad de cada ser humano, donde ello no implique el exterminio de niños no nacidos en nombre de la lucha contra la pobreza, el resurgimiento de enfermedades como la tuberculosis y la expansión del sida. En tanto la pobreza afecta la familia, son los niños las víctimas más vulnerables, cuando la familia se la debilita, los daños recaen en los hijos. Hace falta inevitablemente, “una nueva y arrasadora utopía de la vida, donde nadie pueda decidir por otros hasta la forma de morir, donde de veras sea cierto el amor y sea posible la felicidad, y donde las estirpes condenadas a cien años de soledad, tengan por fin y para siempre una segunda oportunidad sobre la tierra”

¿Estamos dispuestos a no bajar la guardia en educación?, porque no nos cabe duda, que de ello depende quebrar el arco de la malnutrición, plantear la posibilidad de la cooperación para evitar las mayores desigualdades, erradicar la violencia e instalar de modo digno el derecho para todos y todas, a una educación que fortalezca el crecimiento armónico y justo de la sociedad, para que la paz, sea el fruto de la alegría de compartir y de existir en comunidad.

* Por Prof. Hugo Héctor Pais para NOTICIAUNO